Cuando nos casamos nos mudamos acá. Queríamos conseguir algo en una zona linda y no nos importaba que estuviera descuidada, vieja, hecha pelota, la verdad. Incluso que estuviera así era lo que mas nos seducía. Si total pensábamos pintarla con nuestros colores preferidos, llenar las paredes de agujeros para colgar nuestras fotos, tirar la alfombra a la mierda y cosas por el estilo. Nos dijeron que nos la alquilaban sin muebles, pero que los muebles estaban adentro porque la inquilina anterior se había muerto y los familiares no los querían.

Claro, yo tampoco quería las cortinas de paño desteñidas que había colgadas en la ventana del baño, los varios pares de zapatos que encontramos en el placard, la pelela (para adultos) que estaba en el living. Pero todo sea porque el sillón me parecía increíble, la sillita verde mi favorita y la no se como se llama estilo 70s, muy canchera. Nos deshicimos de todo (en cuanto terminamos de discutir a quién le tocaba sacar la pelela y dónde dejarla) y empezamos a disfrutar de nuestro primer hogar. En esta foto, con amigos en el sillón.

(me contagió Carpe Diem y se lo paso a Laura, Alfonsina y Paula. Para que nos cuenten qué heredaron de viejos ocupantes)